Los ingresos tributarios del Gobierno Central pasaron de S/ 5 508 millones en 1992 a S/ 175 156 millones en 2025. El salto muestra cuánto creció la capacidad de recaudación del Estado peruano, pero también deja una pregunta difícil de esquivar: ¿por qué una mayor disponibilidad de recursos no ha cerrado al mismo ritmo las brechas de agua, educación, salud e infraestructura?
La comparación no significa que el Estado tenga hoy 32 veces más capacidad real de compra, porque se trata de montos nominales y han pasado más de tres décadas. Pero sí permite observar una transformación fiscal enorme: la recaudación del Gobierno Central multiplicó varias veces su tamaño mientras numerosas necesidades básicas continúan pendientes. El MEF registra S/ 175 156 millones de ingresos tributarios del Gobierno Central en 2025, equivalentes al 14,4% del PBI.
¿Cómo crecieron los ingresos tributarios desde 1992? 📈
La serie histórica del Banco Central de Reserva del Perú permite seguir el cambio año por año. En 1992, los ingresos tributarios del Gobierno Central fueron S/ 5 508 millones. En 2020 habían llegado a S/ 93 065 millones y en 2025 alcanzaron S/ 175 036 millones según la serie del BCRP.
El MEF, utilizando su propia serie contable, reporta S/ 175 156 millones para 2025. Para mantener consistencia con el dato difundido en el contenido de referencia, esta cifra es la que utilizamos en el análisis.
| Año | Ingresos tributarios del Gobierno Central |
|---|---|
| 1992 | S/ 5 508 millones |
| 2020 | S/ 93 065 millones |
| 2024 | S/ 155 642 millones |
| 2025 | S/ 175 156 millones* |
Dato del MEF. La serie del BCRP registra S/ 175 036 millones para 2025.
Fuente: BCRP y MEF.
El crecimiento no fue lineal. Hubo retrocesos, como el observado durante la pandemia, y posteriormente una fuerte recuperación. En 2023, por ejemplo, los ingresos tributarios del Gobierno Central fueron S/ 147 246 millones en la serie del MEF, antes de subir a S/ 155 756 millones en 2024 y S/ 175 156 millones en 2025.
La expansión reciente también tuvo una composición concreta. En 2025, el Impuesto a la Renta aportó S/ 79 012 millones y el IGV S/ 94 447 millones dentro de los ingresos tributarios del Gobierno Central.
Eso permite entender algo importante: la recaudación no crece simplemente porque el Estado “cobre más”. También responde al comportamiento de la economía, las utilidades empresariales, el consumo, las importaciones, el cumplimiento tributario y la capacidad de fiscalización.
¿Qué papel tiene el sector privado en la recaudación? 🏢
La actividad privada es una pieza fundamental de la base económica que genera ingresos tributarios.
La Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) sostiene que el sector privado contribuye con el 84% de los tributos internos. Esa cifra forma parte de su argumento a favor de una mayor eficiencia estatal.
Conviene hacer una precisión para no convertir ese porcentaje en una afirmación más amplia de lo que realmente demuestra. El 84% corresponde a la cifra comunicada por CONFIEP y no significa que las empresas paguen por sí solas el 84% de todos los ingresos tributarios del Estado. Los tributos internos incluyen diferentes impuestos y contribuyentes.
La información de SUNAT clasifica, entre otros conceptos, los ingresos tributarios por tributos internos, tributos aduaneros y diferentes impuestos según actividad económica.
El vínculo entre actividad económica y recaudación, sin embargo, es directo. Una empresa que produce y vende formalmente participa en una cadena que puede generar Impuesto a la Renta, IGV, aportes asociados al empleo y otros ingresos fiscales.
Por eso, cuando la economía formal se expande, también puede ampliarse la base tributaria.
La relación funciona en sentido contrario: una economía con alta informalidad reduce la cantidad de actividades que contribuyen de manera regular y dificulta la capacidad del Estado para financiar servicios públicos de manera sostenible.
¿Por qué recaudar más no significa automáticamente mejores servicios? ⚠️
Aquí está el centro del problema.
El dinero público no llega directamente desde la caja fiscal hasta una escuela, un hospital o una conexión de agua. Antes debe atravesar una cadena de decisiones: presupuesto, planificación, expediente técnico, contratación, ejecución, supervisión y operación.
Un proyecto puede tener presupuesto y aun así no resolver la necesidad para la que fue creado.
Una municipalidad puede contar con recursos para agua potable, pero si el expediente técnico tiene errores, la contratación se retrasa o la obra no termina funcionando correctamente, el ciudadano seguirá abriendo el caño y encontrando el mismo problema.
Por eso conviene separar dos conceptos:
capacidad de recaudar y capacidad de transformar recursos en servicios.
El crecimiento de la primera no garantiza automáticamente la segunda.
El propio MEF ha señalado la necesidad de mejorar la eficiencia del gasto público y de fortalecer la capacidad del Estado para cerrar brechas. En paralelo, el Gobierno plantea para 2026 una meta de recaudación de S/ 183 724 millones, lo que muestra que la ampliación de ingresos continúa siendo parte de la agenda fiscal.
La cuestión es qué sucede después con esos recursos.
¿Qué brechas muestran que el problema no es únicamente recaudar? 🚰
La situación de los servicios públicos permite aterrizar la discusión.
En educación, por ejemplo, las brechas de infraestructura siguen siendo grandes. El Ministerio de Educación informó que, a diciembre de 2023, el 92% de los locales educativos públicos requería algún tipo de intervención y que 30 939 locales —el 55,9%— requerían sustitución total de infraestructura por encontrarse en muy alto riesgo de colapso.
Ese dato es especialmente revelador porque muestra que el problema no consiste simplemente en construir más aulas. También existe una enorme necesidad de rehabilitar, sustituir y mantener infraestructura existente.
En materia de agua, la situación tampoco es homogénea. Una supervisión de la Contraloría realizada en Huánuco en 2025 encontró que el 4% de los colegios revisados carecía de agua potable y que el 26% no tenía desagüe. La misma supervisión detectó otros problemas de infraestructura y servicios básicos.
Las brechas en infraestructura educativa muestran que una mayor recaudación no garantiza, por sí sola, mejores servicios públicos. Según información del Ministerio de Educación, a diciembre de 2023, el 92% de los locales educativos públicos requería algún tipo de intervención y 30.939, equivalentes al 55,9%, necesitaban la sustitución total de su infraestructura debido a su muy alto riesgo de colapso.
El dato permite dimensionar el desafío: el problema no se limita a disponer de más recursos, sino a convertirlos en infraestructura y servicios que respondan efectivamente a las necesidades de la población.
¿Y qué ocurre con la pobreza y la anemia? 📊
La recaudación tampoco puede analizarse separada de las condiciones de vida.
El INEI informó que la pobreza monetaria afectó al 29,0% de la población peruana en 2023, equivalente a 9 millones 780 mil personas. En ese año, la pobreza urbana fue de 26,4% y la rural alcanzó 39,8%.
Por tanto, presentar simplemente “26% de pobreza en el Perú” como dato nacional actual sería impreciso. El 26,4% corresponde al área urbana en 2023, no al total nacional.
Los datos más recientes de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar también muestran problemas persistentes de nutrición infantil. En 2024, la anemia afectó al 35,3% de los niños de 6 a 35 meses bajo la nueva directriz de la OMS utilizada por el INEI.
El contraste es evidente: mientras la capacidad de recaudación alcanzó niveles muy superiores a los de comienzos de los años noventa, continúan existiendo problemas sociales que requieren intervenciones sostenidas.
Eso no demuestra por sí solo que cada brecha sea consecuencia de una mala administración del gasto. Hay factores demográficos, geográficos, económicos e institucionales que también influyen. Pero sí muestra por qué medir únicamente cuánto recauda el Estado resulta insuficiente para evaluar la capacidad estatal.
¿El problema está en la ejecución del presupuesto? 💰
La ejecución presupuestaria es una parte del problema, pero tampoco debe confundirse ejecución con eficiencia.
Gastar todo el presupuesto no significa necesariamente haberlo gastado bien.
Una obra puede ejecutarse al 100% y tener una utilidad social baja. Otra puede presentar una ejecución presupuestaria menor durante un periodo porque enfrenta una etapa de diseño, saneamiento físico-legal o permisos, pero terminar siendo una inversión necesaria y técnicamente sólida.
La evaluación debe mirar el resultado completo.
Por ejemplo:
- ¿La obra terminó dentro del plazo?
- ¿El costo final coincidió razonablemente con lo contratado?
- ¿Está funcionando?
- ¿Tiene mantenimiento?
- ¿Cuántas personas reciben realmente el servicio?
- ¿La población objetivo mejoró su situación?
- ¿El proyecto solucionó la brecha que justificó la inversión?
Estas preguntas son más importantes que el simple porcentaje de ejecución.
El caso de la infraestructura educativa vuelve a mostrarlo. Si miles de locales necesitan intervención y una parte importante requiere sustitución total, aumentar el presupuesto es solo el primer paso. También se necesitan expedientes técnicamente adecuados, terrenos saneados, procesos de contratación funcionales, supervisión y capacidad para mantener posteriormente las instalaciones.
¿Qué ocurre cuando el Estado no convierte recursos en resultados? 🔎
La consecuencia más visible es la persistencia de la brecha.
Una familia que continúa dependiendo de una fuente precaria de agua no percibe que el presupuesto público haya aumentado. Un estudiante que acude a una escuela con infraestructura deteriorada tampoco experimenta la recaudación tributaria como una mejora concreta.
Para esas personas, el Estado se vuelve visible en el momento en que un servicio funciona.
Ese es uno de los grandes desafíos de la gestión pública: transformar una cifra presupuestaria en una experiencia cotidiana verificable.
También existe un problema de confianza. Si los ciudadanos observan que los impuestos aumentan o que la recaudación crece mientras determinados servicios permanecen deficientes, la discusión sobre el cumplimiento tributario se vuelve más complicada.
Eso no significa que exista una relación automática entre mala percepción del gasto e informalidad. Sí significa que la legitimidad del sistema tributario depende también de que la población pueda observar resultados razonables del uso de los recursos.
¿Qué debería cambiar en la gestión pública? 🔄
El desafío no consiste en elegir entre recaudar más o gastar mejor. Ambas capacidades son necesarias.
Una política fiscal sostenible necesita ingresos suficientes, pero esos ingresos deben financiar servicios e inversiones que produzcan resultados verificables.
Hay al menos cinco áreas donde la gestión puede concentrarse:
- Mejor planificación. Un proyecto mal diseñado puede convertirse en retrasos, adicionales y modificaciones antes incluso de comenzar la obra.
- Capacidad técnica permanente. La continuidad de equipos especializados permite conservar conocimiento institucional y reducir la dependencia de cambios frecuentes de funcionarios.
- Seguimiento del resultado. La evaluación debe ir más allá del monto gastado y medir qué servicio recibió finalmente la población.
- Transparencia y control. La información sobre presupuesto, contratación, avance físico y resultados permite detectar problemas antes de que se conviertan en pérdidas mayores.
- Prioridad a las brechas esenciales. Agua, saneamiento, salud, educación e infraestructura básica tienen efectos directos sobre las condiciones de vida y la productividad futura.
La digitalización también puede ayudar. En 2025, el MEF informó que el 96% de las declaraciones mensuales se presentó dentro del plazo y que el 84% de los pagos se realizó mediante medios virtuales, indicadores que muestran cómo la tecnología ya forma parte de la administración tributaria y del cumplimiento.
La misma lógica debería extenderse al seguimiento del gasto: no solo saber cuánto dinero salió de una cuenta pública, sino qué se consiguió con él.
¿Qué debería mirar un ciudadano cuando escucha que la recaudación aumentó? 👀
La próxima vez que aparezca una cifra récord de ingresos tributarios, hay una forma sencilla de analizarla.
Primero, conviene preguntar qué tipo de ingreso se está midiendo: Gobierno Central, Gobierno General, tributos internos o recaudación de SUNAT.
Después, observar en qué año se produjo y con qué metodología se calcula.
Finalmente, mirar qué ocurrió con el gasto.
Una cifra de recaudación puede ser importante, pero adquiere verdadero significado cuando se conecta con resultados concretos.
| Pregunta | Qué permite conocer |
|---|---|
| ¿Cuánto se recaudó? | La capacidad de generación de ingresos públicos. |
| ¿De dónde provino? | La composición de la recaudación y el peso de cada impuesto o grupo de contribuyentes. |
| ¿Cuánto se asignó? | Las prioridades presupuestarias del Estado. |
| ¿Cuánto se ejecutó? | El avance financiero, aunque no necesariamente la calidad del gasto. |
| ¿Qué resultado se obtuvo? | El impacto concreto del recurso público sobre la población. |
Esa última pregunta es la que suele quedar relegada.
¿Más ingresos tributarios pueden cerrar las brechas? 📌
Sí, pero no por sí solos.
Entre 1992 y 2025, los ingresos tributarios del Gobierno Central pasaron de S/ 5 508 millones a alrededor de S/ 175 mil millones. El crecimiento demuestra que la economía peruana y su sistema de recaudación tienen hoy una escala fiscal muy distinta a la de hace tres décadas.
Pero las brechas también tienen historia propia.
La pobreza, la anemia, la infraestructura educativa, el acceso al agua y otras necesidades no desaparecen simplemente porque exista más dinero disponible. Requieren proyectos adecuados, instituciones capaces, continuidad, mantenimiento y evaluación de resultados.
La discusión, por tanto, no debería terminar cuando se anuncia una mayor recaudación.
Ahí recién empieza una pregunta más exigente: ¿qué recibió la población a cambio de esos recursos?
Porque S/ 175 mil millones pueden aparecer en una cuenta fiscal como una cifra enorme. Para un ciudadano, el verdadero valor de esa recaudación se mide de una manera mucho más sencilla: en el agua que llega, el colegio que funciona, el hospital que atiende y la infraestructura que permanece operativa después de inaugurarse.
El desafío del Perú ya no puede medirse solamente por cuánto consigue recaudar. También por cuánto de lo recaudado consigue convertir en servicios que funcionen.
👉 ¿Te ha resultado útil este artículo?
💬 Déjame tu comentario abajo, 🔗 compártelo con quienes puedan aprovecharlo y únete a mi comunidad en redes sociales para seguir aprendiendo juntos. ¡Tu apoyo me ayuda a seguir creciendo y compartiendo más contenido de valor! 👇
